Meditaciones de cine
Quentin Tarantino
Reservoir Books
Hace treinta años, dos jóvenes, uno de ellos quien escribe estas palabras, entraron en la rueda de prensa de un tipo cuya película, «Reservoir Dogs», había perturbado al Festival de Sitges de 1993 a tal extremo que incluso Peter Jackson, que ese año presentaba «Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro», abandonó la sala incapaz de soportar la famosa escena de la tortura y la oreja. En fin, cuánto blandengue hay suelto por ahí, ¿verdad, amigo Peter?.
En aquellos tiempos de aquel Sitges primigenio, las ruedas de prensa eran abiertas para cualquier mundano que pasara por ahí. Como mundano que soy, me animaba a preguntar para que le luego me citasen en el Diari del Festival (que se lo digan a Wes Craven). Tras la rueda de prensa, estuvimos un rato largo hablando con el hombre en cuestión: Quentin Tarantino. Era una verdadera ametralladora de conocimientos cinematográficos, aunque en ese momento mi amigo y yo no sabíamos que estábamos frente al que se convertiría en uno de los directores más influyentes del último cuarto de siglo. Dicho esto, no soy un gran fan de Tarantino. Sus dos primeras películas me impactaron, al igual que a muchos de mi generación, pero el resto de su filmografía me provoca por igual tanto afecto como desafecto.
«Meditaciones de cine» es un libro que puede gustar tanto a los fanáticos de Tarantino como a los cinéfilos en general, aunque no estoy seguro de si sería adecuado para alguien que se adentra por primera vez en la literatura cinematográfica. No es un libro académico, no tienes que esforzarte demasiado para entender la teoría de algún analista sobre el significado de la obra de un cineasta. Tarantino se expresa de la misma manera que en sus películas, lo cual es una ventaja. Sin embargo, hay que advertir que si solo ves cine comercial, la cantidad de referencias y películas citadas puede resultar abrumadora, incluso para alguien como yo, que ha visto todo tipo de cine desde joven.
La primera parte del libro es excelente. Comienza con un capítulo sobre Steve McQueen, quien era un personaje extremadamente egoísta pero al mismo tiempo el actor más carismático de su época. A continuación, se presentan una serie de capítulos centrados en el cine de los años setenta, fundamentales en la formación de Tarantino como cineasta.
Destaca «La huida» (si eres fan de Peckinpah, como yo), así como el polémico estreno de «Deliverance», «Harry el sucio» de Don Siegel, el cine de Brian De Palma, y, finalmente, «Taxi Driver», a la cual dedica un buen número de páginas, como es lógico. En el epílogo, relata su amistad con un amigo negro de su madre, quien lo llevaba a una sala de cine donde proyectaban películas del género Blaxploitation, protagonizadas por actores afroamericanos y que abordaban temas relevantes para la comunidad afroamericana de la época. Esta experiencia influyó en sus guiones posteriores y contribuyó a forjar al Tarantino que todos conocemos hoy en día.
En definitiva, es un libro que se lee con facilidad, sabio en su género, y que carece por completo de la retórica típica de los ensayos sobre cine escritos por críticos o estudiosos. Tarantino no intenta engañar a nadie; al leerlo, da la sensación de estar escuchándolo en aquella mítica rueda de prensa del 93.
Redacción: Gonzalo Visedo








