Wilco en Madrid: Que nadie nos despierte de este sueño
Tres minutos en nuestra frenética y, en ocasiones, absurda existencia pueden parecernos tan intrascendentes como alucinantes. Tan rutinarios, monocordes y lánguidos como exultantes, ilusionantes o emocionantes.
Tres minutos en el espacio tiempo de Wilco marcan, no solo es el tiempo de antelación con el que aparecieron Jeff Tweedy y sus secuaces sobre el escenario del mágico escenario del Alma Festival de Madrid (el Parque Tierno Galván tiene algo, quien lo gozó, lo sabe), sino también la secuencia temporal tan mágica como hipnótica que necesita la banda de Chicago en hacer felices a miles de personas durante dos horas merced a un repertorio tan brillante como perfectamente ejecutado por unos músicos que, aún estando de vuelta de (casi) todo, siguen demostrando su más absoluta maestría en cada ensoñadora canción.
Un repertorio compuesto por dieciocho temas y tres bises, donde a pesar de una nueva onomástica en forma de disco como el que celebran por el veinte aniversario del lanzamiento del venerado “A Ghost Is Born”, no sobresale en cantidad de temas aportados (a pesar de lo cual tocaron el cielo con Spiders) alejándose de los, un tanto repetitivos conciertos celebración en que se están convirtiendo muchas de las giras de las bandas veteranas que, a falta de imaginación tiran de repertorio, mientras que Jeff Tweedy y los suyos orbitan en torno a una discografía donde el notable alto prevalece y en ocasiones alcanzan la matrícula de honor.
Canciones como Hummingbird, I Am Trying to Break Your Heart, Jesus etc., Either Way, Walken, California Stars o (una contenida versión) de Impossible Germany, conviven con nuevas tonadas que van poco a poco robando planos en su película (como es el caso de If I Ever Was a Child) y muchas otras que conforman un bosque fonográfico de pinceladas museísticas.
La ecuación parece simple y debería ser casi aplicable a gran parte de los grupos con kilómetros de decibelios a sus espaldas pero, no suele ser así. Más allá de la precisión en la ejecución que da la experiencia, muchas de estas bandas asuelan el escenario con su apatía y extrañeza mientras que Wilco, rocía y bendice cada una de las canciones. Transformando el escenario en una pasarela hacia el cielo de la melomanía.








