Lento, ternura y muchos beats. Zahara en Las Noches del Botánico
La artista jienense ofreció un notable concierto en el siempre acogedor jardín botánico madrileño, dando a su último disco, “Lento Ternura”, todo el protagonismo de una actuación más electrónica que nunca.
Una Zahara agradecida y siempre conectada con su público
A nadie se le escapa a estas alturas de la película el don de gentes de Zahara sobre el escenario. Ya hablaremos después de sus dotes artísticas, que son muchas, pero creo que una de las principales razones que hacen de sus directos experiencias sumamente placenteras es su carácter personal –al menos sobre el escenario-, sus chascarrillos, bromas, y honestas declaraciones de agradecimiento hacia un público que llena cada sala en la que toca y que se acerca en grandes proporciones cada vez que actúa en un festival.
Habla, hace bromas, también suelta verdades incomodas –no para su público-, pero en ningún caso se enreda, aburre o corta el ritmo de un concierto que tiene milimétricamente diseñado y que ejecuta a la perfección en cada fase. Tras tocar el primer tema y el último, Zahara se emocionó, lloró y se hizo querer delante de su gente, ante un Botánico como siempre esplendoroso, y en un Madrid que aunque arda en el infierno siempre será su Madrid.
La electrónica por encima de todo
Si con Puta (2021) Zahara dio un golpe encima de la mesa y abrazó con fuerza la electrónica, dotando a sus canciones de una capa de dramatismo extraordinaria, pero manteniendo ese equilibrio con su faceta más orgánica –aupando la obra a la cima del pop nacional de la última década-, con Lento Ternura va un paso más allá, una doble ración de sonidos sintéticos, integrados de manera plena en sus textos más intimistas y desgarradores. Una segunda parte lógica y continuista de su anterior trabajo, que aunque ni de lejos tan redonda como su predecesor, ha llevado hasta las últimas consecuencias –lo que la honra una vez más-, incluso en sus directos.
Así, mientras el respetable lo asume o no, Zahara y su sobresaliente banda –Martí Perarnau, Manuel Cabezalí y Xavi Molero- te envuelven desde el primer minuto en una tormenta sonora, que en casi cualquier momento de la noche podría ser un club elegante de house, ambient, o directamente cualquier rave noventera con los sintes golpeándote sin compasión. La atmósfera creada sin ningún instrumento tradicional hipnotizaba a un Botánico que vibró desde el inicio con ‘Formentera’ para saltar antes de lo esperado a ‘Merichane’ y ‘Taylor’, en una señal evidente de lo que iba a ser la noche: Lento Ternura y muchos beats.
‘Nuestro amor’ y ‘CTRL+Z’ sirvieron para ajustar una instrumentación minimalista que al inicio del concierto enterraba en demasía la magistral voz de la actriz principal.
Cuando Zahara era una cantautora pop
Aunque a veces nos acordemos del pasado de Zahara, parece que han pasado siglos desde que “solo” tocaba una guitarra acústica y hacía preciosas baladas. De hecho las sigue haciendo, pero no cabe duda de que se ha convertido en una artista multidisciplinar, con un show imponente que mezcla desde hace varios discos la danza con lo musical, logrando un asombroso equilibrio sin quitar valor a sus canciones, que siguen siendo la base de su propuesta.
Olvidándonos de alguna desafortunada proyección de dudoso gusto, y el discurso narrativo alrededor del policlín como elemento conductor de su disco, la ejemplar producción visual dotaba de mayor emoción si cabe a cortes como ‘Caída libre’ o ‘Guerra y paz’, adaptadas perfectamente a su nuevo universo, antes de regalarnos el momento íntimo de la noche y volver a vestirse de cantautora para interpretar ‘Zahara’ –de Judeline- y ‘Con las ganas’ a la guitarra o ‘Quien dijo’ al piano, antes de recaer en la tempestad envolvente de Lento Ternura.
‘La violencia’ daba comienzo al fin, que se desvanecía definitivamente con otro medio tempo, antes del cierre deseado por todas, y aquí Zahara tampoco hace concesiones, porque siempre tiene el partido en su mano para rematarlo en minuto final: la vuelta a su mejor pop con ‘Hoy la bestia cena en casa’ y la danza catártica de ‘berlín U5’ hicieron el resto.
De cantautora a headliner del pop feminista. Nunca habrá demasiadas Zaharas.









