El Asco
Ecc Cómics
Grant Morrison, Chris Weston y Gary Erskine
Según la RAE, el asco es una alteración del estómago causada por la repugnancia que se tiene a algo que incita al vómito. Para Grant Morrison, el incalificable autor escocés de cómics, aficionado al esoterismo, la magia, (especialmente Aleister Crowley), el vudú, el animalismo y la contracultura, su Asco deja cualquier definición tradicional en un elfo del bosque.
Reseñar una obra tan compleja es tarea homérica, algo habitual en el artista más complejo del mundo del cómic. Aun así, lo intentaré. Por no quedar mal con personas más versadas en el análisis abstracto del noveno arte –y tras una segunda revisión— puedo afirmar que es la historia de una unidad especial de agentes (La Mano) que se dedican a prevenir del caos y el nihilismo nuestro mundo neoliberal.
Lo cierto es que tampoco estoy seguro de que esa sea su premisa. En el arranque del cómic –tras dos gloriosas páginas de prescripción médica para todo aquel que inicie la lectura— vemos a un señor de mediana edad, a través de una cámara de vigilancia, con pinta de contable, peinado modo Anasagasti –si eres joven, o poco versado sobre la historia reciente de este país, teclea el buscador con letras de colorines—, comprando una revista porno de hermafroditas, aguantando el jocoso comentario del tendero y las risas de dos colegialas.
Sale a la calle, se saca un moco y se lo come. Llega a casa, da de comer al gato, recoge las cacas del minino y practica el amor propio con la publicación. La rutina de cualquier ciudadano medio hasta que se encuentra a una voluptuosa mujer negra (también con peinado Anasagasti) en la ducha de su casa y con la que empieza a follar, como si se conocieran de toda la vida.
Nuestro héroe se llama Greg Feely cuya parapersonalidad (cómo se quedan) o identidad de secreta es la de un agente de La Mano.
¿Contra qué supervillanos se enfrenta? Contra terroristas pornográficos al mejor estilo coronel Kilgore, actores porno que eyaculan semen negro, criaturas de otra dimensión que parecen ácaros de tu propia piel, macro cruceros convertidos en Sodoma y Gomorra, superhéroes aficionados a la tortura y un chimpancé comunista que bebe vodka, fuma porros y se dedica a ejecutar a emprendedores… perdón, capitalistas.
El Asco, como la mayoría de las obras de este hombre, sean bizarras o de superhéroes clásicos, no es para todos los públicos. Vamos, que no puedes leerlo pensando en la cena. Si en alguna ocasión se acercaron a Invisibles, Animal Man, la imprescindible Asilo Arkham o el Superman All Stars, aquí van a encontrar todo eso y mucho más, pero sobre todo mucho asco.
Redacción: Gonzalo Visedo








