Entrevista a Veintiuno
Si me permitís, para mí esta entrevista es especial, primero porque los he visto crecer desde 2018 y segundo porque Veintiuno no es solo una banda indie con un puñado de estribillos incontestables; es un refugio para cuando las cosas duelen, para cuando hacen falta palabras punzantes que pongan algo de orden al caos mental. Hay algo en su música que no busca complacer a todo el mundo, sino conectar de verdad con quien sabe lo que es tropezar con la misma piedra dos veces, y quién no lo ha hecho alguna vez. Veintiuno habla muy bien del orgullo roto y de las cicatrices. Volver a un sitio del que ya te fuiste siempre implica pagar un peaje de dignidad o aceptar que la segunda parte nunca empieza desde cero, sino desde el poso que dejó el desastre anterior.
Hay bandas que se cuentan en años y hay bandas que se cuentan en órbitas. Veintiuno pertenece a las segundas. Todo empezó en 2011, en un garaje de Toledo, con Diego Arroyo, Pepe Narváez y Yago Banet tocando sin más plan que el de seguir tocando. La constelación tardó en fijarse: Rafa Pachón se incorporó a la guitarra en 2022, y desde entonces el cuarteto no se ha movido de sitio. Ahora, aprovechamos el lanzamiento de «El último baile de Delirio y Equilibrio» reedición de «La balada de Delirio y Equilibrio» (2025) para hablar con ellos.
1. Ocho años desde aquella canción en Gourmet hasta aquí. Una canción, un disco entero y ahora una reedición que lo cierra. ¿Cuándo os disteis cuenta de que aquello no se acababa en tres minutos?
Tras varias canciones en las que volvía a hablar de ellos sin nombrarlos, a lo largo de los siguientes dos discos. Están por todas partes en varias canciones de Veintiuno.
2. Diego ha contado la reacción muy real de la otra persona implicada en la historia: aquel audio nocturno reprochándole ser parcial. ¿Cómo se sigue escribiendo sobre alguien sabiendo ya cómo reaccionó la primera vez?
Pidiéndole permiso y bendición para contarlo, y ofreciéndole derecho de veto, como Dios manda.
3. La idea del IN-YEON y la película de Celine Song, Vidas pasadas, atraviesan todo el disco, igual que Orfeo, Cocteau o Lynch asoman en los vídeos y hasta en los títulos. ¿Hasta qué punto este disco es hijo de películas más que de otros discos?
No lo sé. Este disco es hijo de todos los estímulos creativos que he tenido operando en segundo plano de mi cerebro durante el proceso de creación del mismo. Hay discos que me han inspirado, y también libros, películas y comics, porque son las cosas que me gustan. Gracias por encontrar a Lynch y a Cocteau, por cierto.
4. Pasáis de Procreate a dibujar a mano con HB sobre papel de acuarela. Cuentas que la tendinitis tuvo algo que ver, pero ¿qué cambia en el dibujo cuando ya no hay pantalla de por medio?
La tendinitis ha sido el resultado de un año con 65 shows y dibujar el disco. Nadie tiene del todo la culpa.
Dibujar a lápiz y papel es mi experiencia favorita del mundo. La Balada la dibujé en digital porque ya estaba trasladando dibujos de mi libreta y no me daba tiempo al proceso más laborioso de dibujar y digitalizar. Con EUBDDYE queríamos dar un salto creativo, y esta no deja de ser una manifestación más de esa voluntad.
5. Es la primera vez que soltáis canciones enteras en manos de otros artistas. ¿Cuál os dio más miedo soltar, y cuál ha acabado más lejos de donde salió?
Miedo, ninguna, porque las originales ya existen. Precisamente hacemos esto para divertirnos y explorar otros caminos, sería tonto por nuestra parte poner frenos.
Me atrevería a decir que la más estimulante, no tanto por lejana como por sorprendente (no participamos en ella, nos mandó la propuesta directamente) es la de Grande Amore. Es alucinante.
6. Con Yarea decís que llevabais tiempo «robándoos» el uno al otro, y le cedéis lo que llamáis vuestro Landslide. ¿Cómo es esa influencia mutua entre artistas que se admiran desde fuera y cómo se ve reflejada en el tema?
Su punto de vista te lo tendría que contar ella. Desde el mío, solo podíamos ofrecerle un espacio de creación estimulante, la que consideramos una preciosa canción, y pedirle que sumara lo que quisiera. Reescribió parte de la letra, y eso me hace muy feliz.
7. Con «Armadura» habíais mirado a Alanis y Víctor os propuso reimaginarla como un Dua Lipa con Kevin Parker. ¿Qué se siente poniéndote al servicio de otro y tocando tu propia canción siguiendo su batuta?
Liberado. Te sientes relajado porque, de partida, te estás poniendo en manos de un productor alucinante que, además, es un buen amigo. Además, Vic es una persona cariñosa y paciente, lo que lo hace mucho más fácil.
8. Xas ya es de la familia, toca en directo con vosotros y «Complicidad» es su canción favorita del disco. ¿Cambia algo cuando quien reinterpreta la canción ya la conoce desde dentro?
Gracias a Dios sí. Es espectacular hasta dónde puede llevar un músico como Xas una canción que ha tocado tantas veces. Se la ha llevado lejos, y si se la hubiera llevado más lejos, tanto mejor.
9. Sabiendo que los colaboradores no van a estar siempre sobre el escenario, ¿cómo estáis planteando la gira? ¿Hay alguna de estas versiones que se quede para siempre?
Algunas de estas versiones ya corresponden al arreglo que nosotros veníamos tocando en directo. Perder los modales y Estarás son muy herederas del pulso que les hemos ido dando durante último año y medio, por ejemplo.
10. Decís que «la historia no estaba acabada». ¿Es este disco el punto final de verdad, o Delirio y Equilibrio puede volver a aparecer?
El mañana nadie sabe.
11. El texto termina con «nadie nunca hablará de nosotros, pero yo contaré que lo hicimos». ¿Es una rendición o una victoria?
Rendirse, nunca.
Redacción: Paola Córcoles








