La huella de Camellos en La Riviera de Madrid
La banda arrasó con su habitual derroche de energía, guitarras y letras afiladas en un nuevo hito en su carrera, ante una fiel afición que acudió en masa la mítica sala madrileña. Aunque la entradilla superior pudiera valer cualquier grupo que se encuentre en la cresta de la ola, el caso de Camellos es un caso especial de estudio.
Desde un sonido clásico, garajero, pero fuera de las modas actuales, los madrileños han conseguido patentar un estilo muy especial, diferencial ante el resto de grupos de su generación, e incluso de su circulo sonoro más cercano. Variopinto cuanto menos, al protagonismo de armonías rock más primigenias, se le suma una lírica difícil de encajar en un proyecto profesional como es el de Camellos, que se revuelca en lo cómico, pareciendo acercarse al abismo de lo burdo, pero esquivando este extremo con golpes verdaderamente críticos y mordaces, con los que retratar la realidad social que nos rodea.
Me da la sensación de estar regalándole a los protagonistas de la noche una compilación de tópicos para usar en una futura remesa de canciones, pero han de entender que no todos tenemos la gracia de Camellos. Al fin y al cabo, cada uno tiene su manual de estilo.
Con este nombre, Manual de estilo (Limbo Starr), ha bautizado el cuarteto a su nuevo trabajo, tercero en su recorrido discográfico, y con el que consiguieron agolpar a una importante cantidad de fieles en una sala de gran formato como La Riviera. Quizás no estaba llena, pero la entrada rozaba los tres cuartos, en lo que demuestra ser un logro más que significativo para una banda que lleva labrándose el camino unos añitos ya, con sello independiente y creciendo proporcionalmente…más tópicos, como debe ser.
En este recorrido, no cabe duda, que uno de sus principales éxitos ha sido el de reclutar a un ejercito de fieles, que ha crecido con los años, pero del que nadie se ha bajado desde sus orígenes, dotando a cada uno de sus conciertos de un ambiente y paisaje difícilmente igualables en el panorama nacional: pogos, personal en volandas sobre el público, y ni un solo estribillo sin corear.
Con todos estos ingredientes sobre el tablero, Camellos decidió gozárselo y hacer gozar a toda esa gente, con un homenaje común de casi 2 horas de duración, donde hubo tiempo para visitar casi una treintena de canciones.
Arrancando con temas de su último y redondo disco, como “Peligrosamente”, “Blessed” o “Planeta caballo”, algo más melódicos de lo que acostumbran, no tardaron demasiado en sumergirse en su incesante y desenfrenado ritmo, disparando cortes como “Mazo” de su anterior disco, y con Javi Ferrara de Parquesur como la primera colaboración de la noche, “Siempre saludaba” o “Sorpresas”, de su primer álbum.
Tras volver a su Manual de estilo, con “Compañera de piso” (acompañados de Marina, de Repion), “Divorcio” o la excelsa “Cambios de humor”, la banda se quedó a solas en el escenario, despidiendo por un rato a la sobresaliente sección de vientos, y percusión, para descansar mínimamente con algunos de sus temas “más” pausados, en los que Camellos parecen sentirse mucho más cómodos de lo que pudiera parecer, acercándose géneros a priori tan lejanos como el pop ambiental de “La hora llorar”, el aroma tropical de “Es tan 2020”, la balada rock de “Suena bien” o las fantásticas “Tentaciones” y “Tarde de cine”, con las que se acabó definitivamente la tregua de la noche.
Sin atisbo alguno de bises, y ya avisados de que apurarían hasta el último minuto el tiempo disponible, llegamos a un largo tramo final, que al igual que el resto del bolo, nos pasó por delante con un dinamismo y ligereza digno de alabar para la duración del mismo.
Así alcanzamos momentos de inagotable intensidad gracias a canciones como “Gilipollas”, con Marín de Carolina Durante”, que alternaban con otras notables creaciones de su último disco, como “La libertad”, para desbordar definitivamente la noche de la mano de sus ya míticos “grandes éxitos”: “Arroz con Cosas” junto a Joe Crepúsculo, y un público entregado aullando cada uno de sus versos, “Becaria” y el delicioso “Café para muy cafeteros”.
Y como si de un portazo se tratara, a las 23:00 finalizó el concierto de unos Camellos que saciaron su sed con una actuación contundente y sobresaliente. Y, si no arriesgas, no vas a ganar.
Redacción: Iñaki Molinos









