Bisagra estrena su nuevo álbum, Tiempo muerto, una inmersión al shoegaze y la electricidad expansiva
El dúo granadino Bisagra firma su obra más sólida hasta la fecha con «Tiempo muerto», un tercer LP que funciona como declaración de principios y como síntesis definitiva de su identidad artística. A lo largo de doce canciones, el grupo profundiza en un sonido donde el shoegaze, la psicodelia y la independencia creativa conviven en equilibrio, dando forma a un ejercicio de resistencia underground que mira de frente a la madurez sin renunciar a la aspereza emocional.
Formado por Gonzalo Jiménez y Jordan Montero, el proyecto alcanza aquí un punto de consolidación evidente. «Tiempo muerto» no es solo un nuevo disco, sino una obra total que refleja una evolución pausada y consciente, fruto de años transitando los márgenes de la escena independiente. Desde sus primeros pasos en 2009, la banda ha ido construyendo una trayectoria ajena a modas y urgencias, y es precisamente en este trabajo donde parece haber encontrado su auténtico centro de gravedad creativo.
Uno de los aspectos más destacados del álbum es su carácter íntegramente artesanal. Fieles a una ética de trabajo basada en el do it yourself, Bisagra se ha encargado de la producción, grabación y masterización del disco, ejerciendo un control absoluto sobre cada detalle sonoro. Esta autarquía creativa se traduce en un sonido más denso, más texturizado y deliberadamente turbio, que se mueve entre el shoegaze y el dream-pop sin perder nervio ni intensidad. El lanzamiento en un cuidado formato vinilo refuerza esa voluntad de concebir el disco como un objeto completo, pensado para ser escuchado sin interrupciones.
En lo emocional, Tiempo muerto se articula como una cartografía de claroscuros. Canciones como «Patina o muere» funcionan como un alegato contra la inercia de la vida adulta y la sensación de estancamiento, mientras que «Ojos tristes» expone una vulnerabilidad cruda, oscilando entre la inmediatez del pop enérgico y la profundidad de unas atmósferas cargadas de reverberación. Son temas que anticipaban el tono del álbum y que ahora encuentran su sentido pleno dentro del conjunto.
A este ecosistema sonoro se suma «La tentación», el nuevo sencillo que actúa como uno de los puntos de mayor tensión del disco. Acompañado de su correspondiente videoclip, el tema se presenta como una caída libre hacia el arrepentimiento y la rendición ante lo prohibido. La canción avanza con una intensidad casi física, atrapando al oyente en un relato de impulsos, culpa y deseo que resume a la perfección el espíritu del álbum.
Con Tiempo muerto, Bisagra no solo reafirma su lugar dentro del panorama indie nacional, sino que se posiciona como una de las propuestas más magnéticas y coherentes de la escena actual. Un disco que no busca agradar de forma inmediata, pero que deja huella en quien se detiene a escucharlo con atención.








